ÚLTIMA TARDE EN EL CLUB DEL CAZADOR

Max Argote subió una vez más al pequeño montículo que reinaba sobre la ladera oeste del antiguo Club Cazador. Como siempre hacía en aquella soledad, respiró hondo y dejó que el olor a pinaza y humedad serpenteara por sus pulmones. Con los ojos cerrados, muy sereno, evocó los años gloriosos del Club, cuando él y los otros emprendedores se bebían sus triunfos y brindaban por un futuro todavía más promisorio.

Regresó al edificio principal despacio, casi renqueante, como si realmente no quisiera llegar. Pasó al lado de la piscina, donde tanto se había divertido, y lamentó verla sin agua, repleta de sillas arrojadas por el viento y cubierta de hojas otoñales que ya formaban una viscosa capa marrón. Luego vio las estructuras para barbacoas que él mismo había financiado, ya sin las placas metálicas que seguramente algún expoliador había robado, y rememoró aquellas cenas informales e interminables con gente luminosa y prometedora.

La antigua casa de estilo colonial era ya la sombra de lo que fue. Convertida en refugio nocturno por los jóvenes del pueblo, sus paredes lucían feas pintadas, con acaso nombres, varios insultos y bastantes dibujos obscenos. Había por doquier rastros de fogatas que se habían alimentado con el desguace de los muebles modernistas que los fundadores habían importado desde extranjero. Los arcos del techo, otrora tan bellos, estaban tomados por telas de araña y nidos de palomas.

Max paseó por su interior con los brazos en jarra, meditabundo, intentando no pisar los cristales. No era la primera vez que visitaba el club desde su abandono final, hacía ya un lustro, por lo que esta vez no le apenó demasiado su estado. Sin embargo, se irritó profundamente cuando descubrió que el busto de Don Santiago Ramón y Cajal, en la entrada a la sala de reuniones, había sido innecesariamente profanado por algún cretino que le había pintarrajeado la cara. En un arrebato reparador, Max intentó limpiar la pintura con su pañuelo, y frotó con ahínco, pero el reguero de spray parecía imborrable.

Escuchó a sus espaldas que alguien le llamaba. Era Tomás Ugollini, otro de los viejos socios activos y carismáticos, que también acostumbraba a unirse a al grupillo de nostálgicos que con cierta regularidad autoflagelante subían a anegarse en recuerdos.

-Max, ahora que los otros están dispersos, cada uno a lo suyo, me gustaría hablar contigo en privado. Hace tiempo que no lo hacemos- le dijo.

-Sí, sí…claro, Tomás -repondió, y se guardó el pañuelo ennegrecido en el bolsillo.

Entraron en la sala de reuniones, en la que años atrás habían charlado durante tantas horas, y buscaron donde ubicarse. La mesa, cubierta de polvo y mugre, seguía entera, pero ya no había sillas. Se conformaron con un sofá raído bajo uno de los ventanales. Al no ser un espacio amplio se sentaron muy próximos, resaltando involuntariamente el ambiente de confidencialidad que estaba cobrando aquella conversación.

-Max, ¿tú piensas en aquellos meses entre el 2020 y 2021 en que todas las grandes empresas globales empezamos a caer como piezas de dominó?- preguntó Tomás a bocajarro.

-Cada vez menos- mintió Max.

-Pues yo vuelvo y vuelvo sin parar a aquellos meses, y ahora empiezo a entender -dijo Tomás mientras se sacaba un pequeño novophone del bolsillo.

Max experimentó cierto fastidio ante la idea de escuchar otra teoría conspirativa más; era como si no hubiera hecho otra cosa en los últimos cinco años, pero no tuvo el valor de quejarse.

Tomás accionó el proyector y una pantalla virtual de un metro cuadrado emergió ante ellos.  Apareció una línea horizontal con las palabras “Septiembre 2020” en su extremo izquierdo. Tomás movió el dedo e inmediatamente surgió una lista con nombres de media docena de extintas empresas de internet.

-Mira Max, las primeras en caer fueron las más nuevas. La californiana Avai devoró a Google, y con su innovadora red social hundió a Facebook, Instagram…y casi todo lo que importaba. Hasta conquistaron China con sus filiales. En un mes pasaron a controlar casi todo el flujo de información en la red; o sea, que empezaron a filtrar todo lo que decíamos.

Movió de nuevo el dedo y a “Octubre 2020” le siguieron los logotipos de las principales cadenas de televisión del mundo, los periódicos y productoras de cine.

-Lo llamaron la “revolución de la verdad” -continuó Tomás- porque el desprestigio de los medios tradicionales llevaron a su quiebra, y surgieron nuevos periódicos y plataformas informativas en todo el mundo. Paralelamente, unos supuestos jóvenes contraculturales montaron un Hollywood alternativo en Nevada, que acabó con la vieja industria, y con sus vanguardistas y cuidadas producciones cambiaron en poco tiempo toda la mentalidad y hábitos de consumo de planeta.

Algo nervioso, Tomás volvió a deslizar el dedo y en “Noviembre 2020” le tocó el turno a las empresas tecnológicas.

-En teoría Apple y todas las demás no supieron innovar frente a los chinos y los coreanos, pero es extrañísimo que en tan poco tiempo empresas asiáticas secundarias fueran capaces de ofrecer productos como este novophone -dijo Tomás mientras agitaba el aparato- y que dejaran sin mercado a las empresas norteamericanas, con todo lo potentes que eran…

“Diciembre 2020” brilló en la mitad de la línea temporal.

-Luego llegaron las compañías financieras. Ejecutivos de los que nadie había oído hablar, surgidos de sitios como Budapest o Montevideo, se hicieron con Wall Street y todos los centros de ebullición económica del mundo…

Tomás movió el dedo una vez más.

-…Y para Enero del 2021, sin que casi nos hubiéramos dado cuenta, se finalizó una renovación total de las plantas de producción en unos pocos países africanos, que ahora eran capaces de abastecer a toda la población mundial de bienes de consumo a precios mínimos…

Max le interrumpió.

-Tomás, Tomás…lo que cuentas lo sé y lo he escuchado mil veces. Pero fueron invenciones distintas en lugares distantes y protagonizadas por personas que no se conocían ni tenían relación entre sí. Nadie ha podido encontrar un hilo que conecte todos estos cambios, porque no lo hay…seguramente.

Tomás levantó la cabeza con mueca soberbio.

-Creo que te equivocas. Estoy convencido de que hay una conexión y un punto de origen común…¡Mira!

Tomás cambió de archivo en el novophone y surgió una nueva imagen en la pantalla. Era un logotipo empresarial que Max desconocía y al que rodeaban fotografías de personas que no le significaban nada.

-A principios del siglo XXI se creó la Aktobe Corporation en Kazajistán. Lo dirigía un tal doctor Zaysan. Tuvo el apoyo del gobierno, que jamás les puso límites o restricciones a sus investigaciones. Eran muy innovadoras en nuevas tecnologías, vendían patentes y ganaron mucho mucho dinero. Zaysan era un personaje importante y célebre en su país. A principios del 2019, de repente, él y la Aktobe desaparecieron completamente en la cima de su producción. Nunca se supo nada más de ellos, jamás. Aquello fue inexplicable.

-¿Adonde quieres llegar, Tomás?

-Ahora verás -dijo, y deslizó el dedo sobre la pantalla-. Esta foto es de la conferencia de enero del 2015 en Puerto Rico, donde se reunieron los grandes impulsores a nivel mundial de la entonces incipiente Inteligencia Artificial.

Era una fotografía de grupo de unas cincuenta personas, que posaban sonrientes con la playa al fondo.

-¿No reconoces a alguien?- preguntó Tomás ansioso.

Max negó con la cabeza.

Tomás aplicó el zoom sobre un hombre calvo de mediana edad que estaba en segundo plano, muy alegre y saludando con la mano izquierda. Recortó su imagen y la arrastró al angulo superior derecho de la pantalla. Luego retrocedió hacia la pantalla con el logotipo de la Aktobe, y llevó la imagen recortada hasta uno de los retratos adyacentes, que tenía “Doctor Zaysan” escrito en su base.  Ambas imágenes correspondían a la misma persona.

-El Doctor Zaysan fue uno de los mayores expertos en I.A. del mundo. De hecho fue la estrella del evento, aunque despertó suspicacias cuando dijo que la primera I.A. podría estar lista en pocos años.

Max se rascó la cabeza. Se levantó, fue hacia la chimenea, y durante un minuto eterno le dio la espalda en silencio a Tomás. Luego se giró y le dijo:

-Si entiendo bien lo que quieres decir, el tipo éste, Zaysan y su corporación kazaja, crearon en algún lugar de su país una I.A. y con ella se han hecho con el mercado mundial a través de empresas tapadera, ejecutivos títeres,…e incluso esa misma I.A. escribe guiones de cine para modular el zeitgeist, por así decirlo..

-Sé qué suena descabellado, pero estoy seguro de que es así -musitó Tomás.

Se oyó un ruido y se abrió la puerta. Miguel Torres, otra vieja gloria, entró apresurado en ese momento en la sala de reuniones.

-¡Aquí estáis! Os estábamos buscando. Empieza a hacerse tarde. Algunos ya vamos a irnos pero queremos hacer un último brindis antes de la demolición de nuestro querido Cazador.

Tras las despedidas, melancólicas y definitivas, y mientras sus antiguos correligionarios se marchaban hacia sus heliautos, Max aprovechó para ver por última vez el atardecer desde la terraza del Club. Aquella vista seguía siendo conmovedora. Las luces ígneas reverberaban sobre la ciudad, que estaba más viva que nunca, con su ebullición de talentos, sus redes violetas de energía no contaminante, sus edificios forestales. Más al sur, pero dentro del perímetro urbano, despegaban los transbordadores espaciales que llevaban a los jóvenes colonos a Marte y luces de neón les proyectaban sobre los cielos deseos de buena ventura.

Millones de personas habían perdido sus trabajos con unos cambios tecnológicos que nunca entendieron. Pero enseguida recibieron rentas mínimas y toda clase de servicios gratuitos. Había habido un corte radical en la historia humana, y Max había sido derrotado. Con misericordia, pero derrotado. Allí, en aquella terraza, pensó que la historia que le había contado Tomás tenía sentido. Tal vez el doctor Zaysan había cambiado el mundo, pero no había sido para peor.

Por primera vez desde el cierre del Club Cazador, se sintió reconciliado con su tiempo.

LA VISIÓN

-Max Tegmark, en su libro Vida 3.0, plantea la posibilidad de que lo creadores de la primera I.A. guarden en secreto su desarrollo. Puede darse el escenario entonces en que una I.A. cope el mercado, controle las comunicaciones, modifique nuestras culturas, y hasta haga películas sin que lo sepamos, porque sus responsables prefieran mantenerse ocultos. Y lo harían para evitar represalias de gobiernos, o de grupos religiosos o políticos.

-Las empresas que operen en Estados que no se opongan a las innovaciones tecnológicas tienen más posibilidades de imponerse en el mercado del futuro.

-De cualquier manera, toda empresa hoy tiene que tener en cuenta que es probable que tenga que competir con una I.A. que opere enmascarada bajo otra empresa.

-Que esto suceda no tiene por qué ser malo en sí para la humanidad.

Juan Rodriguez Hoppichler – juanrjoppi@yahoo.com